Antes que un baile, la salsa es una representación musical que engloba a toda una región cultural que podríamos denominar, en palabras del periodista venezolano César Miguel Rondón, con el nombre de Caribe urbano. Por lo tanto, la salsa nace en la ciudad de Nueva York como un movimiento reivindicativo a través del cual, la comunidad latina de la Gran Manzana, quiere mostrar su identidad como un pueblo y una región cultural perfectamente definida, abarcando de esta manera a toda Latinoamérica.

  Todavía en el día de hoy sigue existiendo mucha controversia en cuanto a la autoría y nacionalidad de la salsa, por ello es mi deber advertir que, todo lo que voy a exponer en este breve artículo, es una pequeña reflexión en relación a lo que yo he investigado a lo largo de estos años, y siguiendo diversas fuentes (tanto oficiales como extraoficiales).

 

   Para que lo podáis entender de una forma sencilla, podríamos decir que la salsa es música cubana nacida y producida en la ciudad de Nueva York entre finales de los 60 y a lo largo de toda la década de los 70. La salsa se origina a partir de la evolución y fusión de una serie de ritmos nacidos en Cuba y que se conocen con el nombre de ritmos afrocubanos (tales como el son, el son montuno, el mambo, el chachachá o la pachanga, entre otros) con otros ritmos como la bomba o la plena de Puerto Rico, la cumbia de Colombia, el jazz de los EEUU e incluso la samba de Brasil.

 

   La iniciativa para la búsqueda de este nuevo sonido viene por parte de los latinos residentes en el pobre, violento y desarraigado barrio latino de Nueva York, conocido como “el Harlem”, pero sobre todo muy especialmente por parte de los puertorriqueños, los cuales representaban la nacionalidad mayoritaria en dicho barrio. Estos pertenecían a la cuarta generación desde los primeros latinos que llegaron a Nueva York, es decir, que todos ellos eran ya nacidos en EEUU. Por este motivo se les conoce como nuyoricans, es decir, neoyorquinos hijos de puertorriqueños. 

 

   Dentro de esta generación, tanto en los jóvenes nuyoricans como en el resto de nacionalidades de latinos del barrio (panameños, colombianos, dominicanos, venezolanos, etc.), había un fuerte sentimiento de desarraigo cultural, pues no eran ni 100% latinos, ni 100% estadounidenses. Por lo tanto, ni se sentían identificados con la fastuosa y melosa música cubana que escuchaban sus padres y abuelos, ni con la música y cultura con la que convivían diariamente en los EEUU. De ahí nace la necesidad de producir una música propia que expresase y representase fielmente la identidad y esencia de la comunidad latina de Nueva York.

 

   De la misma forma que un cubano nacido y criado en los EEUU no es igual culturalmente a un cubano nacido y criado en Cuba, necesariamente la música cubana producida en el Harlem entre finales de los 60 e inicios de los 70 tampoco podía ser la misma que la producida en Cuba entre los 50 y 60. La diferencia principal se localizará en el barrio latino de Nueva York, espacio para el cual se producirá la música. Por lo tanto, ese nuevo sonido llamado posteriormente salsa, reflejará la violencia, la pobreza y la marginalidad propias del propio Harlem.

 

   La salsa en sus inicios fue, por lo tanto, un producto de poca calidad y poco definido, pues la mayoría de los jóvenes latinos no tenían formación musical. Sin embargo, el éxito de la salsa radicará en su identificación plena con el barrio. A través de trombones violentos y desafinados, de una forma irreverente de interpretar el son, y de unas letras e historias que sustituyeron a las de la dulce y apacible vida de la ruralizada Cuba por la violencia y crueldad del Harlem, convirtieron definitivamente a la salsa en esa expresión bajo la cual se hermanaban, no sólo los latinos de Nueva York, sino todos los latinos de los barrios de las grandes urbes de toda Latinoamérica. Hacia mediados de los 70 la salsa era ya un producto perfectamente definido y con una calidad más que aceptable, muy a pesar del ataque que esta sufrió por parte de aquellos virtuosos músicos que en décadas anteriores se habían ganado un prestigio y un nombre, y que se refirieron a la salsa como “música cubana vieja”, o como “música de barrio de mala muerte”. Pese a todo ello, había nacido la nueva bandera cultural del Caribe urbano.

Autor: Luis Vázquez

FUENTE PRINCIPAL:  César Miguel Rondón. El libro de la salsa. Crónica de la música del Caribe Urbano

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